Hace apenas unas horas vi Closer con mi compañera de tristeza y vida: Alba. La invité para que ambas pudiésemos deleitarnos con Clive Owen, pero al final terminamos sintiéndonos parte de los personajes.
Mientras los actores fingían ser personas enamoradas, deprimidas y totalmente perdidas en las trampas del dolor que causa una separación, yo reprimía las lágrimas que se acumulaban en mis ojos recordando todo lo que ha sucedido desde que mi corazón explotó. Pocas veces me he identificado tanto con un filme. Me vi en Natalie dando gritos de rabia al amor, me vi en Clive cegado por la ira del desconsuelo, la soledad y el engaño... Me vi a mí misma preguntándome cómo es que todo el amor que uno puede sentir y profesarle a alguien, para esa persona no significa mas que un estorbo, un lastre de culpabilidad y pasados que no le permite continuar, porque así es esto, porque nos curamos en salud sintiéndonos mal por las demás personas, porque así debe de ser, ¿cierto? uno no puede lastimar a alguien sin sentir un poco de pena. ¿Pero de qué sirven las miradas lastimosas si los verdaderos pensamientos están ansiosos por olvidar, por pensar que aquella persona que se muere por ti en realidad no existe? ¿acaso es tan fácil borrar las memorias? Yo siempre he creído que no, y es por ello que me cuesta tanto trabajo entender que aquel a quien yo amo simplemente despertó un día con la convicción de que no era suficiente algo, de que todo lo que había sucedido entre nosotros no valía la pena como para intentarlo de veras.
Supongo que Closer es ahora una de mis películas favoritas, un momento de hora y media que me hizo darme cuenta de que se sufre aquí y en todo el mundo, que la vida es injusta e injusta será siempre. Simplemente tenía ganas de decir eso y aquí termina el post.
Mientras los actores fingían ser personas enamoradas, deprimidas y totalmente perdidas en las trampas del dolor que causa una separación, yo reprimía las lágrimas que se acumulaban en mis ojos recordando todo lo que ha sucedido desde que mi corazón explotó. Pocas veces me he identificado tanto con un filme. Me vi en Natalie dando gritos de rabia al amor, me vi en Clive cegado por la ira del desconsuelo, la soledad y el engaño... Me vi a mí misma preguntándome cómo es que todo el amor que uno puede sentir y profesarle a alguien, para esa persona no significa mas que un estorbo, un lastre de culpabilidad y pasados que no le permite continuar, porque así es esto, porque nos curamos en salud sintiéndonos mal por las demás personas, porque así debe de ser, ¿cierto? uno no puede lastimar a alguien sin sentir un poco de pena. ¿Pero de qué sirven las miradas lastimosas si los verdaderos pensamientos están ansiosos por olvidar, por pensar que aquella persona que se muere por ti en realidad no existe? ¿acaso es tan fácil borrar las memorias? Yo siempre he creído que no, y es por ello que me cuesta tanto trabajo entender que aquel a quien yo amo simplemente despertó un día con la convicción de que no era suficiente algo, de que todo lo que había sucedido entre nosotros no valía la pena como para intentarlo de veras.
Supongo que Closer es ahora una de mis películas favoritas, un momento de hora y media que me hizo darme cuenta de que se sufre aquí y en todo el mundo, que la vida es injusta e injusta será siempre. Simplemente tenía ganas de decir eso y aquí termina el post.
